Chingue a su madre el que se ofenda.

01 mayo 2006

CUENTO CORTO -- VIDA DE LUXE

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Mi vida ha estado rodeada por pobreza, mas allá de las limitantes dialécticas del concepto, existen niveles diversos dependiendo del ángulo.

Desde hace algún tiempo, en camino de regreso a casa, después de once horas de trabajo, de tensiones, de logros no obtenidos, manejando observaba la fachada de un motel de reciente construcción; un motel de lujo.

Recuerdo numerosas veces en que las antorchas que iluminaban la oscuridad del eje por el que transitaba, dejaban ver al fondo a tipos con corbatines y elegantes artefactos de comunicación. Pase numerosas ocasiones y siempre me asomaba para ver el glamour de los autos con parejas felices que se metían en vísperas de una noche de placer.

Alguna vez se me ocurrió llamar y preguntar la tarifa: $1,200 pesos la habitación presidencial. Vaya, aun recuerdo que comí lentamente aquella tarde, saboreando una sopa Maruchan y tomando agua natural. Un motel a esos precios me parecía algo inconcebible.

Pero llego el día en que decidí entrar. Parte de mi pago mensual se fue en tres billetes entregados. El tipo me recibió amablemente y me asigno habitación. La cochera eléctrica se cerró y subí una escalera adornada con piedras de colores que no conocía.

Entre y me asombre del lujo, realmente la alberca lucia como algún filme de esos que anuncian sudores raros. Me dedique a descifrar los sistemas de iluminación, que distaban de ser como los focos de mi casa. Me desnude y visite la sección del baño.

Puertas de cristal, acondicionadores, gorras de baño, toallas limpias., iluminación especial dentro de la regadera. Una extraña palanca ajustable para controlar el flujo del agua. Agua caliente inagotable.

Salí y tome una toalla, gigante, suficiente para enrollarme un par de veces en ella. Control digital de temperatura, una jarra con agua y otra con hielos; vasos de cristal antireflejante.

Encendí el televisor y repase más de doscientos canales que jamás había escuchado nombrar. Encontré películas porno y le deje allí. Después de un rato regrese al canal dos de Televisa México, a ver algún partido de fútbol repetido o desfasado.

Apague el televisor y leí el manual de la habitación junto con el reglamento. Di dos palmadas y las luces disminuyeron a media intensidad. El canal uno del televisor me daba oportunidad de interactuar para conocer menús, precios y beneficios, una intranet del motel.

Apague la luz y me quede pensando sobre el motivo de mi estancia allí. En soledad.

Una ambulancia sonaba a lo lejos y no vi su luz, gracias a las cortinas que de alguna forma me llamaban la atención. De nuevo el silencio.

A oscuras meditaba sobre mis amores, el trabajo, el sueldo, el futuro, casa, auto, la muerte; cuando unos gemidos impresionantes me devolvieron a la realidad. Los gritos de una mujer (eso parecía), alegraban mi noche sinsentido. Golpeteos en la pared me dieron cuenta de que si se trataba de una pareja y no de una simple película porno. Me dedique a escuchar de manera morbosa la actividad sexual y al tiempo que me lo imaginaba, me quede dormido.

Desperté un par de horas después y todo estaba en silencio de nuevo. Sentí miedo, no pude controlarlo, al grado de encender la televisión y buscar familiaridad en las caras, pero no había tal. Prendí todas las luces y me vestí; salí de la habitación, tome mi auto y me fui.

Llegue a mi departamento, y fui al baño. Un rostro delgado, con ojeras patológicas, dientes con caries, arrugas nuevas y piel marchita, con un familiar cúmulo de nuevos lunares, me saludaron frente al espejo. Mis ojos desgastados se llenaron de lágrimas.

Al día siguiente fui felizmente a trabajar. Otras once horas, en una condena de por vida.

Y ASI LO "CREE" EL ATEO®...

3 comentarios:

Don Mike dijo...

como siempre....buen relato....sludos sr...

Mariana dijo...

$1200 tssss... bueno he de aquellos que trabajan por once horas para darce ese amm "lujo"?!?!


Saludos Jovencito XD

Anónimo dijo...

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