Chingue a su madre el que se ofenda.

10 enero 2007

NARRACION BREVE -- PURO AMOR

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Amigos, yo no intento, con la historia que enseguida relatare, mentir, comprometer o desvestir a alguien, simplemente lo platico, como un borracho ansioso de atención que exhibe sus secretos de alcoba al desconocido que le dirige miradas un lunes por la noche, en una cantina sin nombre. Pido pues, disculpas atentas, a quien considere un abuso, un cruce de línea, narrar lo que viene.

No mencionare el gancho de inicio usado comúnmente: “Hace tiempo…”, “Alguna vez en un lugar…”; empezare por decir que Roberto, amigo mío, inicio un noviazgo juvenil con Tania, una chica con alguna gracia física, de buen rostro, buenas caderas y buen animo. Iniciaron una relación muy cercana para mi ya que a ambos los conocí en ocasiones separadas y poco o nada relacionadas entre si, después, algunas tardes de charlas y alcohol en pequeñas proporciones, nos unieron como amigos, tres amigos que disfrutaban el tiempo juntos.

Paso algún tiempo, cada quien encontró un empleo lo satisfactorio suficiente como para tener dinero que les mencionara la posibilidad de independizarse; juntos buscaron un departamento con algún lujo en cuanto ubicación y alfombrado, lujo para su amor y proyecto de vida juntos.

Compraron muebles, sus padres les regalaron electrodomésticos y en una comida entre amigos, recibieron obsequios útiles, venidos de gente que les apreciaba, por compañeros de trabajo y conocidos de toda la vida. Esa noche Tania vestía un traje de una pieza, con un escote hermoso y una espalda adelgazada, venida a más a partir del amor.

LO OTRO

El otro caminaba con las manos en los bolsillos del pantalón, escondiendo una comezón que le molestaba y no podía satisfacer, en los genitales. Se dirigía a la universidad, tomando un taxi color melón en la esquina, a cinco de su casa. El otro siempre se subía en taxis color melón que transportaran jovencitas de buen ver, tanto más si vestían falda o blusas entalladas, mucho mejor si su brasier transparentara en algo sus pezones. El otro estudia una Ingeniería en algo que nunca alcance a comprender, retraído con las chicas, candil de la vía publica entre amigos. Trataba de elevar el codo dentro del taxi para, de manera accidental tocarle el seno izquierdo a una pelirroja sentada junto a el. Ya eran las 10:20 de la noche.

Tania y Roberto eran fotógrafos en sus tiempos libres, de vez en cuando cubrían algún concierto como asociados de un periódico local, Roberto guardaba entre sus recortes, una foto que le tomo a Radiohead en la última gira por Estados Unidos. Salio en “Espectáculos” del semanario de moda. Tania acudió a visitar a su mama una noche, tomando un taxi de regreso a casa. Roberto le componía una canción, afinando una guitarra preparatoriana mientras le preparaba unos chilaquiles a su mujer, que llegaría cansada por un día arduo de trabajo en la redacción del periódico.

Tania se bajo de prisa con ganas de ver a Roberto, disfrutando del amor indiscutible que ambos sentían, un amor sin estupideces, un amor que no sale en películas.

El otro se bajo tras de Tania y la siguió. La siguió hasta donde el alumbrado publico no daba para mas y corrió dos segundos hasta alcanzarla, tomarla del brazo y jalarla hacia un porche, una casa sin reja, sin luces que tenia un patio abandonado. El otro saco una navaja, de las que venden en Sanborn’s y se la metió en la boca. Ella sabia que no debía cometer una estupidez.

El otro la penetro tal vez unos dos minutos y eyaculo dentro de ella, sin mas protección que la navaja dentro de la boca de la pelirroja. Le dio un puñetazo en la cara y salio corriendo. Tania lloro, asustada y se vistió, notando que no le había salido sangre en ningún lugar, ni en la cara ni en el sitio lubricado, a pesar de todo.

Llego a casa, Roberto y ella hablaron durante horas, hicieron llamadas, lloraron juntos.

Y después de dos días, Roberto y su guitarra preparatoriana no estuvieron mas en casa, ni el amor que sentía ni la empatia inigualable pudieron con la afrenta de tocar lo propio, de penetrar a la mujer que te pertenece, aun un día, aun dos minutos, eso no basta para un hombre, sintió Roberto. Y se fue.

Ahora Roberto es feliz viajando por el país cubriendo reportajes para una revista de espectáculos.

Ahora Tania es feliz, al cuidado de un niño, que es toda su vida y el ánimo para levantarse cada día.

Ahora soy feliz, recordando esa noche y viendo colgado en mi closet, un mechón de cabello pelirrojo, que me recuerda que ellos dos, nunca fueron mis amigos.

REFUGIADO ANTE LLUVIA ÁCIDA, EN TIEMPOS COMPLEJOS, EL ATEO LO ESCRIBIÓ ASÍ...

5 comentarios:

Don Mike dijo...

El amor es tan pinche fragil, que con mamadas menos cabronas que esas se va a la verga.Y que se puede hacer despues de eso, sino irse.La imaginacion es cabrona y juega malas pasadas.

Esplendida narracion.!Poca madre!

Saludos sr.

el copion dijo...

Pinche Roberto tan ojete, que no vera las telenovelas ese pendejo? El amor lo perdona todo y ademas que le iba a perdonar si ella no tuvo la pinche culpa... me cae que ya me enojo ese guey saludos.

Armando dijo...

Que buen relato, Ateo. Saludos.

jpax dijo...

Chingón post, me recordó un poco la novela de Plenilunio, de Antonio Muñóz Molina, aunque tu narración atrapa más rápido y sabes qué pedo al final. Chingón.

Saludos.

beto dijo...

simon... las morras son bien putas.