Chingue a su madre el que se ofenda.

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20 abril 2009

CUENTO CORTO - ¡ESO ES UNA INJUSTICIA!

Me han trasladado a la sección policíaca. Desde hace un par de semanas deje los cumpleaños y los desayunos Canacales, para ingresar al mini ejercito de reporteros gráficos de la sección policíaca.

Según me dijo el jefe, esto responde en primer grado a la necesidad de personal capacitado para cubrir la creciente ola y diversidad de delitos, y en un segundo plano, porque me lo merecía. No entendí bien si el merecimiento era un castigo o un premio.

El “entrenamiento” duró un par de días y después, proseguí por mi cuenta. 

Un cuarto de cuartilla y dos fotografiás, suficientes para evaluar cada fotorreportaje y comprármelo para poder subsistir cada quincena. Tienes imaginación, me dijo mi jefe - no deberías tener dificultades.

Mi primer proyecto, fue visitar la cadena de tiendas Oxxo. Entreviste encargados de tienda, comisionistas y gente del corporativo en Monterrey, y traté de formar un reportaje sobre los asaltos a estas de tiendas en la ciudad. Invertí unos 500 pesos en el trabajito y no me compraron ni madres, mi jefe menciono que no había suficientes muertos y que la noticia del vendedor de periódicos acribillado en las afueras del Oxxo de la carretera a Rosarito, no era ya, noticia que vendiera.

Así, inicie y continué una serie de intentos fallidos por crear algo que me devolviera el creciente pasivo que registraba mi paso por el ascenso que me hizo abandonar los bautizos que salen los domingos de niñitos de lo mas pedantes, pero, que en su máximo grado de peligrosidad me metería tal vez, en un juego de palabras con el cliente, a quien no le gusto como salió una fotografía de su regordeta esposa.

Ya después de varios fotoreportajes, decidí solicitar un permiso para poder ingresar al Penitenciaria del estado en Tijuana, el antiguo Pueblito.

Al no ser de la comitiva de algún funcionario y entrar acompañado de un trabajador social en el recorrido, pude ver las cosas sin maquillar, las celdas, las pandillas, los líderes de las mini facciones internas, el destino de los que no pertenecen al mundo criminal y caen en la cárcel, (los paisas, hombres que no quieren o no tienen oportunidad de unirse a pandillas) sufriendo el proceso de readaptación social: De cometer un error y ser condenado penalmente, a ser un cabron delincuente.

Ingresé casi durante una semana y vagué por las zonas de libre transito entrevistando a empleados y platicando sin grabadora ni apuntes a algunos custodios y reos. Comprobé datos sobre comida, los cuartos de detención temporal (cuando alguien necesita proteccion porque lo van a matar), los operativos de los grupos de choque(cuando algun reo es madreado por enmascarados por pasarse con algun empleado del penal), el ingreso de armas y drogas enfundadas en el culo de las madres y esposas, el impresionante flujo de bienes que se suponen, no deben entrar al recinto, las celdas con drogadictos disfrutando de su viaje sin problemas, el narcotrafico tras las bardas, en fin multiples asuntos que ni siquiera tenia lugar escribir en la reseña.

Pero solo al final de mi estadía logré imagenes trascendentes, en una manifestación de familiares de reclusos, que gritaban desesperados, pero también agresivos que necesitaban saber de sus familiares presos recien trasladados a destinos privados.

Tomé algunas fotos, hablé con algunas personas de las que se me abalanzaron al ver mi gafete de prensa y pude fotografiar niños, joves sin padres libres pero en especial a una mujer, que lloraba desconsolada, gritando, desgarrada, con ese llanto que alguna vez nos ha provocado llorar con la persona, solo por la fuerza sentimental del momento, aun cuando nada de lo que nos rodea tiene relación o sentido, lloraba pues la señora, humilde, bonachona, amable cuando arrodillada en el suelo me acerque para ayudarla y calmarla, como acción de lo básicamente humano. Me sonrió aun sollozando, agradeciéndome y contando me sobre su hijo, al cual no veía desde hace dos meses, que la autoridad no le da información de su paradero. 

Con todo respeta señora, ¿Qué delito cometió su hijo?...

Ah, es que intento matarme y me dejo en coma como un mes.

Ya entiendo todo, le dije.

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11 febrero 2009

EL VIDEOJUEGO

Hoy en el comedor del trabajo, me tope con un tipo al cual pocas veces había saludado y que pocas veces me había dirigido la palabra.

Saco su PSP y comenzó a jugar, tiene un puesto que le deja mucho tiempo libre, ya que había salido a comer en un turno previo.

Me pregunto: ¿Tu no tienes PSP?

No, mencione con el aire mamón que me caracteriza.

-Yo me lo compre hace dos meses, lo lleve a piratear de volada y tengo un chingo de juegos

-Ah, que bien por ti, si te gusta(me vale verga, pues)
-Deberías comprarte uno, hay unas paginas en Internet de donde puedes descargar un chingo de juegos, hasta el mario BROS y demás chingaderas de Nintendo, hasta del Nintendo DS, hasta del Playstation.

-Nel, la neta no tengo tiempo de sobra para andar jugando (Si, que me mande a la verga, no quiero una amistad con un cabron que se fuga las horas de trabajo para hacerse pendejo jugando PSP)

-Yo me lo compre hace dos meses (ya lo habías dicho) y me salio en 200 dólares, fue la primera quincena que me pagaron trabajando aquí.

-Ah que bien, si crees que esta bien, esta bien.

-Si, no le compre pañales al niño esa quincena y se trago una lata grande de Harina de trigo en vez de leche NAN, pero me vale verga.
Esboce una sonrisa y me alegre de que todo sea tan simple como eso.

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19 enero 2009

CUENTOS CORTOS - EL SENTIDO COMUN

Ya bastante he paseado por esos caminos que cada vez presentan mas grietas, bastante es cuando da igual.

Las botas llenas de lodo, resbaladizo, necio, chicloso, las botas han dado de si y se rompen las costuras del costado, dejando entrar la humedad y los colorantes espesos a los dedos de mis pies.

El taller del zapatero, el ultimo que casualmente encontré en una época difícil y que me salvo de calzar mi ultimo par de zapatos útil con el hueco en la suela que alimentaba ese raro, pero ya familiar, aroma de humedad y enfermedad en mis pies, ha sido cerrado, supongo que por falta de clientes, quienes prefieren la visita al centro comercial, que portar unos zapatos remendados con materiales de peor calidad aun que los originales de manufactura china. No se a que se dedicara el zapatero, a quien posiblemente su futura muerte (espiritual o biológica) a nadie mas importe que al casero, quien tendrá que tramitar lo necesario para desalojar un cadáver de su propiedad y limpiar los rumores para volver a tener un ingreso por el cuartucho que hoy ocupa el anciano.

Todos están preocupados en el parque, parece que prohibirán el uso de pelotas y patines, la preocupación es tan general, entre ancianos y jóvenes, niños y señoras que me detengo un momento a observar con cierta preocupación, mientras una señora de buen vestir, se acerca y me dice que si asistiré a la protesta, en contra de este abuso de la autoridad, protestar por la prohibición de uso de pelotas y patines en el parque central. De pronto, me encuentro marchando con ellos, sin atinar a definir, si quiero salirme o prefiero dejarme llevar por la muchedumbre, que me facilitara el camino, a donde quiera que sea que vayan.

Una mujer embarazada insiste en que debe implantarse senos, sin importar sus seis meses de embarazo y lo que esto implique, justificando ante el medico, que su esposo le debe estar engañando con la joven secretaria que usa 34 D de sostén. El medico le insiste en lo improbable de esta operación, pero ella apuesta a ofrecer alguna cantidad extra, que convence al galeno de practicar una desafortunada intervención de cirugía estética. Todo esto platicado por la embarazada en una taberna, donde me entrometo en las platicas sin hablar, una vez que han transcurrido un par de horas ingiriendo un poco de alcohol.
Me he encontrado hoy al tipo que vestía un saco con insignias revolucionarias y una boina negra anoche en el bar, fumaba mota y gritaba consignas hilarantes contra el capitalismo, el consumo, la necesidad de pertenencia del mexicano, lo absurdo de las políticas gubernamentales y la gran mentira del caso Morett – FARC. Lo he encontrado hoy, arrastrando un carrito en Wal Mart, con una mujer equipada con bebe en brazos, seguramente encabronada por la cruda que se olía a tres metros a la redonda.

Después de ver al tipo, entre a la oficina, donde el gerente de recursos Humanos, tenia listo mi finiquito, explicándome el asunto de la desaceleración económica, de las empresas filiales de Wal Mart México, de la oportunidad de regresar a mi puesto en cuanto hubiese oportunidad, que era yo un buen empleado. Tome el papel y salí a canjearlo a la caja de corresponsalía, donde me descontaron 2.5% sobre mi cheque, de un finiquito que ellos mismos habían generado.

El trasporte publico esta lleno, la gente te avienta, se golpea, ignora los buenos modales para por lo menos coexistir, las mujeres van paradas ante señores cansados de trabajar y que ignoran aquello que mantenía funcionando el mundo en el pasado de los blancos y negros televisivos, sin mucho que pensar, el carro enciende y rota las llantas manchadas de la sangre de algún perro desafortunado, que confundido por lo complejo del mundo, no lo supo entender y sucumbió aterrado, ante los neumáticos de un autobús, con destino al infierno.

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30 julio 2007

CUENTO CORTO -- ICAROS

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Existen días en los que el sol parece querer acariciar, se acerca tanto que brilla más y cobija como pocas veces. Esa tarde el sol estaba mucho más grande y presente que en ocasiones comunes.

Las abejas volaban cerca de flores abiertas a todo botón, los botones tímidos se abrían rápidamente, con un movimiento casi perceptible para cualquier observador aficionado. Los pájaros se refugiaban en los árboles más frondosos, conocedores tal vez de la leyenda de Icaro, tal vez como espectadores o tal vez como protagonistas, en sendos casos arcaicos.

Por el sendero estrecho de tierra rodeado de pasto a medio crecer, a lo lejos un burro cargando leña en su lomo con paso lento se acerca. Voltea con los ojos más serenos que se conocen a un animal, más serenos aun que los de un gato de rancho. El burro se detiene cada tres o cuatro pasos a morder sutilmente el pasto de las orillas de la vereda y prosigue lentamente su camino hasta deglutir por completo el zacate. Prosigue su andar y pasa de lado, observando y abriendo lentamente los ojos mostrando la lengua con aire gracioso.

Al asno le enseñaron a viajar entre el bosque y la casa, el, aunque tardado, sabe llegar solo y sin interrupciones largas a descargar la leña que la familia vende por fardos. El hombre corta leña suficiente en el intervalo del viaje a dejar leña y el de traer alimento al trabajador. El burro se echa sobre el pasto y da vueltas sobre el cuando llega con tiempo de sobra del viaje redondo.

En el patio un gato blanco de algunas semanas de nacido, corretea su cola durante un tiempo asombroso, de repente, al ver su sombra reflejada por el sol que ya baja, persigue su sombra, fascinado por el descubrimiento, siendo el primer día que su madre lo deja jugar y explorar, fuera de sus dominios. La gata lame su mano y se limpia la cara, señal de que una visita llegara por la tarde.

Una gallina falta en el corral. El burro tranquilo observa que una gallina de copete anaranjado que le causaba simpatía no esta en el grupo. La gata come unos huesos de manera desesperada mientras que la cría juega con una canica que alguien olvido en el patio con hoyitos marcados en la tierra. El cachorro extasiado no deja de brincar, (de ser posible, una sonrisa enorme se dibujaría en su felino rostro) y revolcarse al golpear la canica y el burro entiende que es mejor cargar leña que comer maíz con un pico.

La gata desvía un poco la mirada (un día si, otro día si) y fija la mirada en aves enormes que vuelan cerca de los maizales; no son gallinas podría pensar, pero nadie afirma tal cosa. Observa las aves que bajan y brincan alrededor de un cuerpo inerte. Un olor desagradable llega a su olfato cansado y aun así se acerca para jugar con los zopilotes, a quienes después de un nuevo vistazo, estima demasiado grandes para ser inofensivos; el burro lleva dos días perdido y buscado por el trabajador y la cocinera, no ha respondido al llamado; la gata se acerca y se da cuenta, que el burro se canso de llevar leña y se arrojo a la luz de otro día mas soleado que el anterior. regresa y acaricia al gatito, que ignora lo sucedido.

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21 julio 2007

CUENTO CORTO -- LOS DIAS PASAN DE LADO

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Camina cargando alfileres, golosinas y letreritos que alguien sin nombre de regalo para ayudarle, que leen: “Soy sordo mudo, cualquier compra es mi alimento del día, Dios se lo pague”.

Entra a cantinas y nadie le dice nada, el no es sordo pero si mudo, camina y enseña el letrerito, nunca le dicen algo, la mayoría de las ocasiones, levantan la mano, como pintando una pared invisible entre los humanos y las ratas que limosnean.

Los alfileres los compra a 3 pesos y los vende a 5. Las golosinas, por paquete le dan uno o dos pesos para comer.

Lluvia que inunda calles, que trae al mundo nuevos baches, tal como los nuevos engendros que nadie desea nacen en clínicas públicas se convertirán en nuevos baches de gente que los escupirá, usara y olvidara. El niño camina cargando alfileres, golosinas y alfileres cubiertos de un plástico transparente.

Entra al metro, no puede gritar como los vendedores de discos compactos y chicleros comunes, mojado, se sienta camino a casa.

Un tipo flaco en la línea verde que marcha desde universidad entra al vagón, extiende su camiseta y camina sobre vidrios de botellas de cerveza. El niño atina a ver superficialmente acostumbrado a recias cosas.

Duerme y alguien le empuja el hombro, avisándole que han llegado a la última estación. Baja y ya no hay servicio, no hay líneas y la estación se le ha pasado, quince kilómetros atrás.

La tormenta arrecia y las parejas desbalagadas de chicos con rayitos rubios y mujercitas con faldas manoseadas se regodean en los callejones babeándose mientras el pasa a prisa y de reojo les ve.

Los pies no dan más, las piernas temblorosas, la desesperación de perderse entre calles y avenidas no exploradas. Camina mas lento, lento, pensando en los por ques, en las respuestas a preguntas que no puede formular, desde el dolor de perder a sus padres, hasta el rechazo de la gente por pensar que es uno mas de los ratones que viven de la basura por gusto.

Arrecia la lluvia y se cobija en la entrada colonial de un edificio enorme, se hace bolita y cae dormido. Una larga noche para alguien a quien no esperan en casa.

Y los dias pasan de lado...

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16 julio 2007

SABADO POR LA NOCHE

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Pronto, pasadas las siete de la noche, la avenida principal se agolpa enardecida por autos ochenteros adornados como un payaso con guerra facial, entre lo caricaturesco y lo siniestro. Los vecinos salen y los viejos amigos, los que fueron a la primaria juntos, fumaron su primer cigarrillo juntos y rompieron su primer cristal con la emoción del ladrón primerizo, se saludan con la señal simple del que pertenece al barrio.

La calle que aun conserva letrero con la nomenclatura urbana que pintado artísticamente lee “Barrio trece” se llena también de chicas que luciendo peinados de moda, de la moda negra, el Níger, coquetean desde las escaleras de su edificio hasta el fin de la noche.

El OXXO de la colonia queda entre la avenida principal y la calle barrio trece; en doble fila ya salen los tipos a rape con tatuajes ostentosos de sus Lobos del año.

Se escucha a lo lejos la música Hip Hop a decibeles distintivos. Camionetas del año pasan ladrando música de banda.

Alguien por allí, saca su cuerno de chivo y lanza una descarga de 3.5 segundos al aire; el cumpleaños de su carnal le emociona y como expresión sencilla y natural, da muestra de que algo importante pasa en la colonia.

Pelones se reúnen una cuadra antes del OXXO. Gritan a las chicas de peinados estrafalarios y las invitan a subir a las camionetas, las chicas se ríen y suben. Frente al letrero rojo y amarillo, con los vidrios polarizados y el motor encendido, no menos de tres, suben sus faldas y proporcionan libertad de acción genital, a cambio de un poco de coca, que mezclada con benzonato de sodio, sirve para diversión de los mini traficantes.

Ante los gritos de dolor placentero que se oyen por la banqueta, las madres que necesitan huevos y frijoles a ultima hora para la cena del sábado, aceleran el paso a la vez que las miradas de los hombres en espera de turno las intimidan por vivir, de manera circunstancial mas allá de la calle dibujada con el nombre del barrio trece.

Bajan las cortinas del OXXO, la policía pasa a un lado de la puerta y se estaciona frente a la camioneta polarizada que hospeda parejas felices. El oficial se baja y reconoce a sus amigos de la infancia, se saludan y sin ningún temor destapa una sol quita pon. La bebe mientras hecha un vistazo al interior. Son carnales, de esos que ya no se dan en árboles.

A la vuelta, un repartidor de pizza es rodeado por tres tipos con pantalones aguados y paliacates enredados en la cabeza, portan una Uzi vieja y cargada. Todos se ríen cuando el motociclista se sube a la moto y por el terror de la situación, se va de lado al intentar avanzar. Se sientan al final del callejón a comer pizza, con la tranquilidad de comer en casa sin molestia posible.

Ebrios, todos los amigos a bordo de una navigator, recorren a toda velocidad la avenida principal, giran y queman llanta estruendosamente. Un joven que visita a la incipiente novia, asustado es golpeado por la camioneta, el Tito, tipo alto y con unos brazos del tamaño de una pierna de adulto cualquiera, baja riéndose, saca una mágnum y de un tiro lo mata.

Mas allá de levantarlo, sube al vehículo y riendo todos, regresan a toda velocidad a la casa frente al OXXO. Bajando de a uno, tomando cervezas recién destapadas que constipan la noche. Al final baja un oficial riéndose a morir, quien aborda su patrulla y se marcha a casa, acompañado de la música de ametralladoras, gritos de peleas domesticas, mujeres cogidas a la fuerza y desafortunados incidentes que nadie recordara.

A la mañana siguiente, el tianguis recibe familias enteras, que después asistirán a misa.

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13 junio 2007

CUENTO CORTO -- TENER UN HIJO, ESCRIBIR UN LIBRO, PLANTAR UN ARBOL Y MATAR UNA PERSONA

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No se que día es hoy, martes, miércoles, hagamos un viernes de hoy. En serio, no se que día es hoy.

Dentro de un departamento propiedad de algún “inversionista” emigrado, que compro alguna casa y que rogó por una concesión para trabajar en Estados Unidos, veo un anciano que esta sentado frente a un televisor que proyecta imágenes monocromáticas en un espejo.

Yo trato que las sumas cuadren y los bordes coincidan, documentos apilados, por la ventana, el vecino se apresta a caminar de un lado a otro balbuceando para si mismo.

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Tarde noche, toca a mi puerta el calvo anciano con la cara rosa, como una muñequita de anaquel, me pide que, por favor, le compre unas “inyecciones de alcohol” en la tienda de enfrente, dado que “A mi no me venden (eructo) porque no saben que necesito inyecciones, son unas botellitas así chiquitas de alcohol, que así como los drogadictos, que no tienen droga, si no me la dan me muero (rostro se torna serio y me clava la mirada, agresiva, provocativa), siento que me muero y las necesito”. Buen punto.

El anciano se va de vuelta, con la mirada baja y marcando un sendero de aroma a tabaco, alcohol y humedad; como la de las viejas casa de madera de la provincia, donde llueve por las tardes y nadie se asoma, se refugian dentro de sus negocios o tejados, sin que nada más importe, que observar la incesante lluvia.

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Las nubes se mueven lentamente dando paso a una luz brillante, encabezada por una luna gigantesca, que se mueve al compás del segundero; al frente se vislumbra la ventana del anciano, encerrado en su departamento, con una lámpara que ilumina amarillento alrededor, sentado en el borde de la cama, masturbándose, (no necesito verle el pene para saberlo) viendo la televisión sin señal, reflejando su imagen en el espejo que tiene al fondo del cuarto. Extasiado, antes de que decida dejar al tipo con su intimidad publicada por la falta de precaución (nunca dejes la luz encendida de noche, engañado por la oscuridad exterior, al realizar alguna intima actividad), levanta la cabeza y se pone de pie, eyaculando sobre su mano.

El tipo se lame la mano, engullendo su propio semen.

Soy partidario de la muerte ajena, dentro de tus planes de vida. Tener “un” hijo, escribir “un” libro, plantar “un” árbol, matar “un”cabron. Pero invariablemente la eterna justificación de los actos hace su entrada, acompañada de la fuerza pública y familiar, que en algún momento pueden amenazar los otros tres proyectos de cualquier simple repetido cliché humano.

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Acid House en la televisión, canal Once. Veneno de rata para el jefe del tipo que se convirtió en mosca. Voy a la cocina donde encuentro una bolsa con croquetitas de veneno para roedores domésticos.

INGREDIENTES PARA ASESINATO

2 Piedras (de preferencia una en forma plana y otra puntiaguda)

1 bolsa de veneno para ratas (En Comercial mexicana la venden por 18 pesos, porción para 10 asesinatos)

El tipo queda dormido, con una botella de alcohol de 90 grados abierta en el buró de su cuarto, al alcance de una mano larga. En un frasco, un puñito de veneno molido se transporta en dirección al alcohol, veneno liquido no, porque pinta el alcohol, pero el molido es incoloro, inodoro, carente de sabor.

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Una ambulancia acompaña al mas allá al anciano, con la madre (mucho mayor que el) llorando resignada al alcoholismo terminal de su hijo mayor. Me comenta lo sucedido mientras cargo mi maleta llena de libros. La mama comenta que las cosas de su hijo serán recogidas por la tarde. Me solidarizo con ella. Me abraza, me da la bendición.

Pienso quizá que si hubiese dejado que tuviera el hijo la tipa con quien solía coger, llevaría ya dos peldaños, del mi plan de vida repetida, repleta de cliché humano.

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07 mayo 2007

CUENTO CORTO -- ¡VOY POR EL MINIMO!

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En una pinche ciudad rascuache, cuyo nombre ocultare por temor a las empistoladas represalias, llego un pinche chiapaneco valeverga.

El chiapaneco venia cargando una caja de huevo “Oro” amarrada con mecates de tendedero de ropa. Una gorra de los Yankees “hecha en Chiapas” y unos pantaloncitos color entre mamey y vomito de crudo con menudo. Llego a la central camionera de Tijuana (ahuevo, ni modo que de donde pinches empistolados) y tímido salio hacia la ciudad, en donde ya le esperaban unos familiares.

Noe, nuestro chiapaneco aventurero, se asombraba de los letreros en ingles y de la leche vendida en galones de plástico. No entendía que chingao era un yonke ni porque un chingo de letreros estaban escritos en ingles, incluso los de comida japonesa (discernía nuestro valiente héroe, que era japonesa porque el monito del logotipo era idéntico al de los cacahuates japoneses); luego de que le mostraron las cosas básicas para moverse de la casa de los carnales a los centros de trabajo, comenzó la búsqueda del empleo que en Tuxtla Gutiérrez perdió por una malentendido (así le llaman a las pendejadas los mas ineptos).

Su currículo albergaba dos gloriosos empleos en su pasado triunfal: Encargado del mini súper La follita y locutor en radio universidad chiapaneca. Cuando vi eso, quise imaginar que detrás del puta y elegantioso suéter Lacoste pirata (pinche lagarto, media como diez centímetros, parecía escudo de suéter de primaria) existía algún talento que me permitiera realizar la contratación que en definitiva, urgía y se había dificultado por la oferta de mano de obra que recientemente se tornaba nublada. Me comento que era locutor de un programa matutino (de esos que escuchan los bastardos en las oficinas de gobierno) y que tenia muy buen desenvolvimiento con la gente.

A la verga. Lo contrate. Le pedí todos sus documentos y a la vez que los entregaba en un sobre con su nombre garigoleado con plumón, sacaba yo porquerías que estaban dentro y que no me servían pa ni madre ni se las había pedido, boletas de primaria, cartas de recomendación de sepalavergaquien y hasta una puta fotografía del cabroncete en bermudas con las cascadas de agua Azul como fondo. No vomite y seguí con el papeleo.

La pinche gente de ese maldito estado se pasa de pendeja. Simplemente ese estado tiene una puta aversión a la mas mínima muestra de cooperación social.

Le explicaba cosas una, dos, tres y chingadas mas veces y siempre decía entender, pero a la primera, preguntaba las cosas mas obvias del proceso. Recuerdo como su corbatita azul le daba aires de grandeza y en los tiempos de alimentación, comentaba fanfarronamente sobre su “carrera”.

Habram esta atrazado lisensiado, como lo podemos alludar?

Un mensaje a mi celular, que me hizo llorar. También su tarjeta Ladatel con una foto pegada en ella, a manera de portaretrato, para recordarse la familia tan culerisima que tiene, (imagino yo). La suelto, viene con su cafecito de la mañana (después de vaciarse su pinche loción que apesta de la chingada), puede caerse el puto mundo y este pinche pazguato no deja de gastar media hora en sopear galletas Marias con café negro. El café de la mañana.

El fin de ciclo llego y nos reunimos todos para la junta y la proyección del resultado anual, lo cual nos daría acceso a la posición 1 dentro de la división Latinoamérica…

Para llegar al 80% nos falta el 33% de mejoras relativa en los 3 ramos, pero para el 100% falta el 45, el 50% nos daría el 120% y tendríamos la posición, pase lo que pase con la otras divisiones; algunas veces el trabajo embriaga, todos estábamos con las laptops realizando las proyecciones de cada unidad de negocio y Noe, sentado sin saber que hacer, fue escuchando los compromisos de las unidades representadas que ambiciosamente moderaban sus proyecciones para tomar ese 1er lugar divisional; pronto le llego el turno al imbecil quien con una risa increíble y nefasta, con la autosuficiencia de un tipo triunfador, que se pone talco en las axilas omitiendo el desodorante, que compra sus trajes en Hecali, que su idea de lujo es sacar a crédito en Famsa y que su idea de éxito es: ¡VOY POR EL MINIMO!...

- ¿Mínimo que? (Todavía de pendejo le pregunto)

- si, el mínimo, pa seguir aquí mínimo

- ¿Cómo que pa seguir aquí?

- Si, en la empresa…

¿Y que hago yo contratando gente de Chiapas para puestos de dirección de unidades de negocio internacional? Pues la respuesta es que también soy un pendejo.

Después de que aquel día lo saque a madrazos y le dije que ni pensara en demandarme ni pedir liquidación porque se lo iba a cargar la chingada, fue a recoger su finiquito vistiendo una camiseta de algodón con un jaguar pintado del equipo de fútbol. Mi esposa últimamente me esta tratando de convertir al judaísmo, de vez en cuando me da algún mensaje de amor al prójimo que le compro de buena gana. Le pedí disculpas, me sobrepase, me extralimite Noe. El se rió y me dio la mano. Me dijo que no había bronca, que el entendía las presiones, etcéteras agregados. Ya salía por la puerta de mi oficina y volteo, me dijo: Lic. ¿Qué le parece si lo invito a la fiesta de mi suegra, hoy en la casa?, a modo de despedida pues…

Hay momentos que te marcan de por vida, este fue uno de ellos, a partir de las consecuencias que desato en mi vida el aceptar, cambie muchas “tolerancias y adhesiones a la doctrina de la buena onda”…

Llegue a una casa en la colonia terrazas del valle, donde ya se escuchaba música que sonaba a Grupo Cañaveral pero no eran ellos, estoy seguro, la casa de ladrillo con un segundo piso sin terminar, dos perros flacos bebiendo de un charquito de aguas negras y una mujer envuelta en telas fluorescentes a manera de blusa, faja o quiensabequechingados con un tatuaje de tres puntos en la mano me saludo y coquetamente sonrió. Entre a la casa y después de eso, ya no me importa ser un hijo de la chingada.

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10 abril 2007

CUENTO CORTO - CRONICAS DEL CAPITAN S. TYPHI

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Un embarazo puede cambiar fantásticamente a las personas. Mamá cuando esperaba a mi único hermano cambio el mal carácter que la incipiente vejez de papá le provocaba. Mi adolescencia la frustraba, me veía soltar su mano y con certeza podría apostar a que jamás la recuperaría. Pero mi hermano le salvo la vida, le dio el animo suficiente para aguantar las manías enfermizas de papá y las idioteces que solía hacer a mis quince.

Toco mi vientre con amor. Lo trillado de la circunstancia en mi no importa más. Simplemente toco mi vientre y veo la ruidosa ciudad, desde mi apartamento arriba de un negocio agonizante de mercería.

Cuando impones tu maternidad solitaria como condición para tener una relación seria, no hay mucho que reclamar cuando al quedar sola y reconsideras una vez más, lo absurdo de tus decisiones afanosas, llenas de contra moral. Toco mi vientre y doy un sorbo lento al refresco de cola de siempre. Miro el computador y me pregunto cuando demonios dejare de tener esta adicción por la “comunicación en línea”.

La mercería cierra sus puertas y yo bajo por la escalerilla de servicio en busca de comida, hacia algún portal donde por un precio razonable, pueda alimentarnos. Toco mi vientre. Me topo con un letrero por demás familiar que anuncia “Come pollito para llegar a viejito”; 30 pesos por un pollo son suficientes para mí. Salsa y tortillas incluidas, perfecto. Camino con mi bolsa en la mano y veo que el pollo pesa cuando mucho 100 gramos. Un mocosillo apenas.

Dentro de mi cuerpo hay movimiento, como nunca, indigestión dolorosa, jalones de entrañas, sangre que se disuelve con sangre aun mas oscura, incolora, sin oxigeno, con dolor ahogado. Batallas se libran mientras duermo, suficientemente cansada para olvidarlo y despertar.

Mamá estaba en contra de la ciencia médica. Un poco de eso se queda, como sedimento que se pega irremediablemente en las paredes del tiempo, de la inobservancia. Quiero saber si mi hijo es niña o varón hasta el final. No tengo dinero ni interés en comprar cosas de un color u otro antes del parto. Incluso no creo tener dinero en esas fechas.

Vomito. Nauseas. Embarazo delicado me digo, mientras trago lo que queda de mis intestinos, colgando de mi boca. El refresco de cola de siempre me quita el sabor de boca amargo.

Después de un rato de no hacer nada y platicar con una vecina, me animo a hacerme un ultrasonido. 150 pesos con consulta incluida. No es que no tenga dinero, pero las gloriosas propinas de un bar juvenil no son lo que aparentan, salvo la cerveza gratis.

El doctor me mira con rareza, al subirme la falda sin vestir ropa interior. Mi desinterés le provoca confianza y pasa por alto el acontecimiento. No evita ver de más, por aquí y por allá.

Un gel me masajea y el aparato transmite imágenes; muy confiado empieza dando una explicación en pantalla y al poco tiempo calla. Se mesa el cabello, sonroja, se preocupa.

Salgo caminado del consultorio con hambre y poco dinero, me toco el vientre.

CRONICAS DEL CAPITAN S. TYPHI

La población grita y corre a todos lados, lava ardiente corre y arrasa, revuelve y destruye la creciente organización del pueblo Typhi; El capitán S Typhi, nombrado así en honor a su pueblo, abandonando su nombre de pila, se aventura frontal al encuentro con aquel ente desconocido jamás antes visto, ahora intentando apoderarse de su patria. Typhi le pide distancia a su gente, que muere por miles siendo capturado por un remolino que ya por los viejos, es considerado un pasaje al futuro, al pasado o a una dimensión de la que nadie puede regresar. Ríos de sangre corren y Typhi aguarda con coraje esperando el acercamiento con el mounstro, en una batalla que lo llenara de gloria.

Pasan semanas y Typhi organiza un ejército de varios cientos y ataca al mounstro que ha multiplicado su tamaño, muchos mueren y solo Typhi, como Mesías de la salvación, penetra el escudo que separa ambos mundos. Typhi se nutre de sustancia, poder total, atacando al burdo animal que no se defiende, el capitán después de una semana de herirlo en la cabeza, lo devora, odiándolo, recordando hermanos que murieron a causa de su aparición diabólica.

El capitán consume poco a poco, come, crece y al paso de unos días, hace desaparecer lo que allí crecía. Aun se recuerda el llanto insoportable que propagaba el derrotado. Pero ya nadie reconoce al glorioso capitán. Su gente no logra aceptar que S, es un Dios ahora. Se nutre de una bolsa y avanza aun como el mounstro lo hacia, pero mas feroz, mas agresivo, con patas y ojos que todo lo ven, que todo lo pueden, clamando liberación. Algunos le gritan aun llamándolo. Pero el ha perdido contacto con la realidad. Enloquecido.

Un doctor, fuera de ese mundo, de la bolsa y la destrucción, observaron con temor como la bacteria Salmonella Typhi, ha infectado a una mujer, creando un parásito que se ha comido a un feto y que crece en placenta humana, esperando con odio y desesperación que alguien le saque de allí, para desencadenar una serie de sucesos desconocidos.

Yo camino tocando mi vientre, preocupada porque el doctor me ha dicho que tengo un bichito en el estomago.

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28 marzo 2007

CUENTO CORTO -- FRIJOL DE DULCE

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Una tarde de agosto, con el sol explotando grosero, enojado, emputado frente a la plaza cívica, escupiendo lanzas invisibles que queman, que hacen negros a los morenos y que provocan el sudor y las transparencias en las blusas de las colegialas.

El sol se convertía en una tortura cada tarde, mas aun cuando habría que aguantar al gordo deforme que recitaba clases de física y sudaba a chorros, con esa panza bajo el cinturón, desesperante estresante; sus preguntas estupidas sobre las formulas de velocidad y tiempo retrogradas y asfixiantes (¿Qué acaso el carajo gordo no sentía, no sufría, no deseaba escapar al océano atlántico a entregarse a una ola y desaparecer a la verga?). Todos sudábamos y veíamos en cámara lenta el ir y venir del ventilador de pedestal que aventaba ráfagas de aire hirviente que solo semejaba el oasis de una tregua a tan horrendo castigo.

Aquella tarde, un tipo del cual no recuerdo el nombre, con los pantalones a media nalga, con algún aire de pachuco – cholo – asaltante – pendejazo salio al patio y entro entre matorrales, a los relucientes jardines de tierra y abordó a una chica de tercer año, con su jumper guinda. Sin clase, y nada importante que hacer, me quede observando al cabroncete, que no salía de mi vista desde el segundo piso, besaba, manoseaba y arrinconaba.

Como siempre, el desmadre se desato y todos aventaban cuadernos de pasta dura, pelotazos, en la parte de atrás aventaban mesabancos, otros tiraban corbatazos y los menos, se protegían del desmadre junto al escritorio metálico del maestro. Salían al pasillo a vigilar la llegada del maestro o prefecto, empujando la puerta y azotándola; mientras el prefecto platicaba en los laboratorios con alguna chica de servicio social, a quien desde luego deseaba atravesar con la espada carnal.

El tipo de cadenas y andar ridículo, que escondía el brazo derecho mientras metía el dedo en la vagina de la experimentada alumna de tercer grado, volteo al salón e intercepto mi vista, certera, sin pretextos, firme en sus actividades recreativas manuales. Me grito un par de groserías impronunciables (como hijo de tu reputisima y chingada madre) y se olvido de la chica, que apresurada bajó la tela para cubrir sus no despreciables piernotas. Como buen perro bravo de colonia, subió a lucirse con la intencion de madrearme por ver a su “mujer” ser cachondeada por el.

Subió corriendo mientras seis sudorosos y sedientos estudiantes de mi salón detenían la puerta para no dejar entrar a los vigilantes de pasillo, en tono de broma y juego. El pachuco llego y empujo la puerta estrellandose un par de veces, como un miura queriendo salir del chiquero, empujo hasta que pudo sostener con la mano el borde de la puerta.

Al ver que estaba a punto de entrar, seguro de la madriza que me esperaba a manos de un sanguinario mocoso armado de una regla metálica y una cadena que ataba su cartera a su cinturón, corrí hacia la puerta para estrellarme con una compañera gordita que me daba la espalda. Me estrelle y el aventón fue suficiente para cerrar la puerta.

El endemoniado calor del carajo aumento, al compás del tic tac cercano a las tres de la tarde; el pachuco gritaba como loco, las mujeres de adentro abrían la puerta y gritaban como locas y los vigilantes de pasillo gritaban riéndose en escenas macabras, terroríficas, sudando y al instante escurriendo sangre que salpicaba el dedo cordial que a la mitad, despedía sangre a chorros, como regadera, al mas fiel estilo de Mel Gibson o Tarantino en sus películas recientes.

Se fue corriendo, llorando, empapado en sangre y éxtasis embriagado del descontrol incito a los vigilantes a gritar: ¡Fríjol, fríjol! Mientras uno de ellos pateaba el pedazo de dedo que yacía en el pasillo. Lo pateamos lo raspamos y finalmente a mi alcance, lo lance de una patada mas allá de la reja que separaba el jardín de polvo, de la calle con grafitís y vendedores de droga disfrazados de skaters.

El desmadre siguió sin conciencia, sin preocupaciones, esta vez aventando condones con agua a las chicas que traían uniforme deportivo. Me asome a la misma ventana y un perro de la zona, antes visto, se acercaba olfateando al resto de pachuco que después vendrían a buscar las autoridades escolares.

El tipo después de dos semanas regreso a clases, echando desmadre, madreandome a la salida, grafiteando pendejadas en contra de mi identidad sexual, pero, note que no volvió a sacarme el dedo o ir al jardín polvoriento a ejercer la sexualidad de la época secundaria. Y al decirlo ya nadie sonrió.

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20 marzo 2007

CUENTO CORTO -- DOMINGOS DE COLONIA

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Una vez cada semana, el gran camión recolector de basura pasa por este Infonavit. Pesado, arcaico y ruidoso, se estaciona frete a la carnicería “El Toro feliz”; tarda un par de minutos en bajar las tenazas y enganchar el contenedor oxidado del callejón de servicio.

Dentro de la carnicería, que a su vez, en el fondo y segundo piso contiguos es casa; esta, en el baño familiar, Domingo Barcenas, el gordo dueño de la carnicería.

Sentado esta leyendo un TV Novelas de 1990, donde Gloria Trevi medio enseñaba las tetas. Acariciándose los pellejos, leía interesado que la Srita quería ser presidente de México, cada tres segundos volteaba a ver la imagen, como si en ese lapso, se le pudiese descubrir un poco de carne a la señora.

De repente, en los testículos colgantes, Domingo sintió una mordida salvaje, feroz, dolorosa y se levanto gritando: “¡Chingada madre Pendejo!; una rata de treinta centímetros aproximadamente le había encajado sus colmillos, tal vez sintiéndose invadida por los desechos de el buen cristiano carnicero; la rata lo soltó y huyo despavorida por el hoyo, esta vez de la regadera.

Domingo alcanzo papel periódico y con un par de lágrimas brotando de los ojos envolvió sus asuntos.

Pronto, al descubrir el periódico ensangrentado, la Sra. Gina comenzó a gritar y a pendejear al marido, Domingo, con odio en sus ojos llorosos, destazo algunas cabezas de puerco de manera desagradable a los consumidores.

Gina pronto llego y le desato una sarta de necedades acerca de la caca que dejaba pegada en las paredes del retrete, de la revista con semen en las tetas de Gloria Trevi; de los niños sin ropa escolar, de la comida que jamás cesaba su olor a putrefacción, (Domingo le daba de comer a su familia la carne que no se vendía a tiempo), Doña Gina a los pocos minutos se canso gracias a su colesterol y dejo en paz a Domingo, quien adolorido abrió las cortinas metálicas del Toro feliz.

La gente respetaba al carnicero, los muchachos jamás pintarrajeaban las paredes del toro feliz, a pesar de estar al costado del callejón donde los menores de dieciocho vendían mota y crack ocultándose de los dealers más viejos. Ni viejos ni jóvenes afectaban a Don Domi y Doña Gina. Todos sin falta en alguna ocasión habían comprado carne para las milanesas, los tacos, los caldos de res, las albóndigas.

Por la tarde, como a las cinco, Domingo cerraba las puertas del negocio, subía al baño y despachaba su segunda cagada del día. Tenia muy presente el consejo de los nutriologos del TV Novelas, acerca de que una persona sana, caga por lo menos dos veces al día.

Al terminar, si era necesario, conducía hasta el deposito de una empresa de carne al mayoreo, regresaba y hacia algunos cortes especiales. Doña Gina miraba las novelas todo el día, mientras sus hijos correteaban con gatos en los brazos a las ratas que acechaban el cuarto frío de papa.

Gina por la noche, volvió a la carga, con los reproches de la tarde, hasta caer en los reproches de siempre: ¡Arruine mi vida por ti!, ¡Si le hubiera hecho caso a Falcón (ex novio) cuando me rogó que me fuera con el!, ¡Ya no se te para!...

Domingo, algunos días antes, en plena borrachera había jurado a sus amigos (el borolas y el tubo) que le pondría una puuutiza a Gina si le volvía a echar en cara que no se le paraba con ella. Al instante se enfureció y le soltó golpe fuerte, con brazos de carnicero y por la cara impulsada, rodó por las escaleras de la casa, escaleras anchas por supuesto, para permitir el deslizamiento gracioso de la mujer más gorda de la calle.

Lejos de ayudarla, se metió al cuarto y se encerró.

Durmió y a medianoche la tranquilidad de no tener el cuerpo asfixiante de su cónyuge de manera paradójica, le despertó. Bajo las escaleras con cuidado con la intención de ir a la cocina a sorprenderla comiendo buches de pollo fritos como cuando tenían una discusión de las pesadas pero antes de terminar de bajar, tropezó y cayo encima del cuerpo frío de la Sra. de la casa.

Asustado, le checo, como a un cerdo, si vivía o no. La arrastro el se sentó asustado, llorando de miedo mientras amanecía en ese recóndito Infonavit.

El Domingo a las ocho en punto, abrió las cortinas del toro feliz, el cazo gigante y la tubería de gas se instalaron rápidamente y el término de la cocción comenzó. Carnitas y chicharrones para todos. Letreros con cartulinas y letras con plumones de sus hijos, ofreciendo banquete al salir de la iglesia.

A las doce del día era la locura, vecinos trajeron mesas de su casa y prepararon salsas, platos desechables, aguas de horchata; incluso el viejo gruñón de la tienda de la esquina se acerco a regalar tenedores de plástico.

¡Mi mujer se fue, al sur con su mama, me ha dejado a los niños! todos se alegraban porque el mas querido de aquel par siempre fue nuestro amigo Domingo, además de que se compadecían de el al escuchar a toda hora los berreos de su mujer; ¡Mate tres cerdos para ustedes, amigos míos!

Todos quedaron satisfechos y pronto cerraron la calle y la fiesta no se hizo esperar, la cerveza, el baile, los niños jugando y los cuatro hijos de Domingo y Gina en el día mas feliz de su vida, sin los regaños de mama y comiendo los tacos de chicharrón mas sabrosos de su vida.

Domingo se excuso en su oficio, para no comer aquel día.

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14 marzo 2007

CUENTO CORTO -- HERMANOS DE ANTIGONA

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Hay paredes con motivos familiares, fotos de la niñez de ambos, con los hermanos, las fotos con una manta detrás, simulando una biblioteca y con las manos cruzadas, poniendo una cara de chamaco estudioso. Solo yo tengo una de esas. Hay paredes con tonterías de cerámica, otra más con artículos de cocina en miniatura.

Todo esta impecable, con manteles largos la mesa, manteles de bambú para la cena, vajillas para cada estación del año. Línea blanca cromada, todo combinado, todo en orden.

La recamara tiene una cama inmensa, coordinados y edredones, listones y cortinas.

- Dame 5000 pesos y se hace…

Escogimos una chica de buen ver, que se mirara sana y que no conociéramos. Al principio fue muy difícil plantearle el asunto; me acerque yo y me presente, ella me miro con el temor de los que habitamos ciudades congestionadas, problemáticas, desgastantes.

- ¿En donde será?, ¿que habrá de garantía?

Acepto y planeamos todo.

En la clínica inventamos un cuento y ente al cuarto de la masturbación, prendí el dvd y una rubia con sífilis (yo se que es tener sífilis) dejaba que tres negros le destrozaran el cuerpo. Llene tres líneas del frasco de plástico y lo entregue a la asistente que no disimulo su asco al tomar el frasco…

5000 pesos y un hijo que nunca deseo la rubia criolla (de esas rubias que no saben ni su nombre, de las que nacen de abuelos españoles en Michoacán).

El niño nació hermoso, nos lo entrego sin remordimiento y feliz por un dinero que jamás imaginamos nos pidiera (teníamos destinados 5000 dólares para esto); en casa lo criamos, con enfamil goleen lo amamantamos.

Mi papa registro al niño, es mi hermano y mi hijo; hacemos bromas sobre eso cuando nos preguntan las amistades; tiene ya 8 años y vive con nosotros.

Somos homosexuales, Glen y yo nos conocimos hace 10 años ya. Su familia vive en Oakland y piensa que es hetero; las maestras de Ulises, nuestro hijo, piensan que somos tíos de el.

Muchas discusiones han surgido por esto, años de repasar lo mismo, que su familia, que la paternidad, que la educación de Ulises.

No hay nada de malo en la paternidad gay; el amor es lo que realmente debería ser evaluado en estas situaciones “moralmente cuestionables”; nunca le ha faltado absolutamente nada. Nunca ha enfermado sin atención, no corre solo por las calles, es de los mejores de su clase. Es un niño feliz.

La noche esta cayendo, tímida, lenta; en el patio de la casa, bajo el columpio que el padre de Ulises le construyo, esta Ulises mirando en silencio los ojos de Israel, quien se mece sutilmente en el aparato, ambos se miran y Ulises, instintivamente, toca la entrepierna del amigo, abre su boca y lo besa. La noche cae mientras sus padres contemplen felices noticias de interés en el noticiario del momento.

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12 marzo 2007

CUENTO CORTO -- LA CASA Y LA SEÑORA

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Hay un camino, camino estrecho que no revela final o destino, simplemente sigue por un buen rato, a paso regular entre cedros y pinos, árboles altos y robustos que no dejan pasar mucho de sol.

En algunos tramos del camino de arcilla, los árboles se doblan siempre hacia la derecha, si es que caminas de ida.

“Debe ser el norte, vientos del norte” pensé.

Por mucho tiempo más el camino se reduce y pronto, después de que disminuye su intensidad, desaparece. Termina simplemente pero no hay un punto de encuentro, no bifurca, simplemente desaparece y se distinguen viejas marcas de vueltas en medio círculo, buscando la seguridad del sendero, tal vez del hogar.

Seguir cuesta un poco pero si se observa detenidamente, no en el suelo, mas en las hojas de cada matorral crecido, se puede distinguir el paso en medio de ellos.

La casa se ve allí, hecha de troncos, como las memorables películas de mitad de los setentas de Hollywood Texas, rodeada a distancia corta, de árboles gigantescos, enormes que no dudarían en destrozarla cuando un rayo o la edad lo dispusiera; la casita no tiene entradas y un boquete parece formar la entrada, sin puerta.

Recamara y fogón en la parte inferior, una especie de sala y baño en una rudimentaria segunda planta, a punto de desplomarse, por la madera húmeda que alberga hongos de lo mas coloridos. Una serpiente con aros grisáceos se desliza entre los pliegues de la pared, parece huir de algo, como un niño con miedo.

La neblina baja más y gritos se escuchan mas cerca que antes (¿Mencione que gritos sonaban lejos antes ya?); en no mas de cuatro minutos un tipo pasa corriendo con los dedos llenos de sangre chupándoselos desesperadamente. Tomo mi gaseosa y la escupo, una cucaracha nadaba en ella, felizmente supongo (¡Dios, no te pido que me des, solo ponme donde hay!).

El día y la noche no hacen gran diferencia, otro tipo pasa, este ahora, lleva un gorro de fiesta y una camiseta con logotipo sanitario; cerca hay un manicomio, donde se rumora los locos insisten en brincar bardas y merodear por allí, siempre regresando ( Los tiempos en los que los presos salían a comprar el periódico en el puesto de enfrente de la carcele estatal, ubicada en el centro, se han ido; recuerdo cuando Dr. Siniestro, ya sin mascara y estatus, pagaba su condena por asesinato en la cárcel del centro. Todos lo conocían y el se encontraba bien en prisión, hacia ejercicio, daba clases de lucha, tenia el respeto de todos. Una familia. Dr. Siniestro salía sin problemas a comprar el periódico y regresaba a leerlo en la cancha de volley ball, incluso nos conseguía oportunidades para retarlos por las tardes del sábado, chicos de secundaria contra asesinos y secuestradores…).

En un rincón, una caja con cerradura violada parecía llamar con su descolorido verde pasta; dentro, un frasco con un cordón umbilical nadando en alcohol, una medalla del sagrado corazón de Jesús y una foto. En la foto, mi cara, a los 5 años. De regreso, al estilo de Hansel y Gretel, descubri por instinto como regresar a la vereda; después de miles de pasos, la nube de aire sucio y ruidos enloquecedores poco a poco hicieron que olvidara lo ocurrido. En unos días, quiero decir.

El silencio del bosque, un bosque sin animales cantores, solo reptiles; hace que los tipos perdidos corran despavoridos, huyendo de una bestia que ha perdido los recuerdos de su hijo.

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